29.10.09

Extramuros: interactuando con las visitas del cotolengo

26.10.09
04. P.M.
María de Llambi Campbell, le consulta a Sor Raimunda:

“Estimada hermana, me dirijo a usted porque pertenezco a una familia muy religiosa y tradicional de esta ciudad y yo misma soy creyente.
El tema es que estoy a pocos meses de contraer matrimonio con mi novio de 5 años a quien quiero mucho por ser ante todo una gran persona. Es un joven profesional que pertenece a mi entorno social y en mi familia lo quieren como a un hijo más. El problema es que hace unos días apareció en mi vida nuevamente quien fuera mi primer amor. Un chico más grande que yo, trabajador aunque no profesional y proveniente de un hogar de padres separados, más concretamente de madre soltera, lo cual nunca cayó muy bien en mi familia. El reencuentro me estremeció el corazón y debo reconocer en honor a la verdad que tengo mucha más piel con él que con mi actual novio. Frente a esta situación inesperada, usted ¿qué me aconseja?”

Respuesta de Raimunda emitida en el micro El Sentido de la Vida por Mengano Lapindonga, conducido por Gabriel Cimaomo, integrante del staff de “La siesta fantástica” de Juan Carlos Bettanin. (LT 10, Radio Universidad)

30.10.09
03.45 P.M.
“Carísima María: debo confesar que no tengo mucha experiencia en lo que respecta a la relación con un hombre, excepto con el capellán de mi ex convento, quien a su vez era mi director espiritual y confesor, pero para el caso no cuenta. Así que sólo te comentaré mi experiencia frente a una decisión importante en mi vida.
Corría el año 1990 cuando se aproximaba el final de mi vicio televisivo, mi afecto desordenado hacia esta telenovela era tan grande que me sentía impelida a mentir a mis superiores para escaparme a algún sitio a ver los últimos capítulos. Aún a riesgo de pecar de sacrílega esa tira diaria era casi como mi biblia: “La extraña dama”, protagonizada por la primera actriz Luisa Kuliok, a quien aprovecho para mandar un saludito y agradecerle la influencia positiva que tuvo sobre mi vocación.
Pero como le decía, querida hija, coincidentemente con la trama de la novela yo atravesaba por entonces una crisis existencial al igual que la protagonista. Ahora, transcurridos ya casi 20 años, creo que esa extraña dama, fue un ángel que se apareció en mi vida para recordarme que el hábito no hace al monje y que siempre se vuelve al primer amor. El mío desde niña era ser artista. Así fue que tras una noche de vigilia buscando recibir una iluminación tuve al alba la señal. En fin, que fue a la siesta, cuando viendo el desenlace de aquel día sentí que mi vivencia coincidía en todo con el argumento de la novela. Y siendo que mi fe mi impide creer en las casualidades escuché el mensaje esperado en la voz de la hermana Kuliok: “He visto la luz”, pronunció y siguiendo su ejemplo abandoné el convento que por cierto era demasiado oscuro para ser corta de vista como soy.
Así que pediré por ti, cara maría, para que veas la luz al final del camino y no te arrepientas el día de mañana ni por cobarde ni por tarada. Así sea.”


1.10.09

02.10.09

Tratando de indagar respecto al sentido de sus vidas, los menganos, en la última sesión de psicoarte acordaron partir de aquellas cosas que heredaron o les fueron dadas sin mediar su elección y convinieron que si hay algo que no eligieron fue sus nombres.

La idea fue propuesta por el Erudito Benito quien fundamentando su opinión en la teoría lacaniana, sostuvo que nuestros nombres son una suerte de metáfora que condensan los deseos y expectativas familiares. En tal sentido el nombre que nos asignan, en el que nos reconocemos y por el cual nos identifican, nos determina en cierto modo.

Su argumentación no recibió objeción alguna, no sabemos si por convincente o porque nadie entendió nada y como en definitiva no había otras mociones, se aceptó por unanimidad.

El problema se suscitó respecto a cómo decidirían por quién comenzar. Nadie se mostraba muy dispuesto a ser el primero en poner su nombre a consideración del grupo. Lo cual es muy comprensible ya que los huéspedes del cotolengo son locos pero no idiotas.

Esta vez la cosa se dirimió a partir de una iniciativa de La Trava, quien tras beber a pico el último trago del porrón, lo tumbó en el piso, lo hizo girar como una ruleta y dijo: “Al que lo apunte”

La botella quedó en dirección a Benito y antes de que El Erudito diera cualquier consigna respecto a cómo seguiría la cosa, la trava semi embriagada preguntó: “¿Verdad o Consecuencia?”

Benito se indignó por el giro burdo que había tomado su propuesta pero decidió privilegiar el objetivo de la técnica a la modalidad lúdica que cobró de repente.

Así que tragando saliva respondió: “Verdad”

¿Verdad que te pusieron Benito porque cuando naciste pensaron que eras bobo?, dijo la Trava recreando una infidencia de Elvi Rot, la madre biológica del susodicho.
“De ninguna manera”, saltó en su defensa la Rot, “Yo dije cara de bueno”

Benito que hasta el momento había logrado controlar su ira se le saltó la virola como a una olla a presión.

A duras penas había logrado reconciliarse con su nombre de pila después de años de terapia para que esta fulana venga a meter el dedo en la llaga. Pero como ante todo era un caballero, decidió cederle la palabra a su hermana que, como buena docente, había recabado información diagnóstica de La Trava.

La profesora de la E, haciendo caso omiso al seudónimo de Carol adoptado por la trava en un fallido intento de volverse distinguida como la princesa de Mónaco, se dirigió a ella en los siguientes términos: “Ud. Discúlpeme ‘señorita’ pero su acotación fue impertinente e irrespetuosa”. Como la trava no paraba de dar carcajadas ignorando por completo la intervención de la docente, la profesora le llamó la atención por su nombre: “A usted le hablo, José Ramón”.

Tras un breve momento de tenso silencio, La trava se abalanzó sobre la botella y de no haber sido por la intervención de La Maga que se apresuró a interponerse entre su encolerizada amiga y la profesora, la cosa habría pasado a mayores. Por suerte todo quedó en un manchón de cerveza en el tailleur de la docente que no paraba de reclamar a los gritos la expulsión de José de la institución.

El ambiente se volvió tormentoso. Un diluvio de lluvia ácida comenzó a anegar el patio donde estaban y como los menganos son una especie rara, se empezaron a brotar.

Sor Raimunda no paraba de santiguarse, golpearse el pecho e implorar al cielo piedad.

La Perturbada, aburrida de la vida y sintiéndose desplazada, bailaba a los saltos al tiempo que cantaba: “¡Me llamo Lilí, Lilí, Liliana! ¡Me llamo Lilí, Lilí, Liliana!”

La Maga Malvada cazó un sapo y corriendo tras la Perturbada la amenazaba: “Calmate tarada o te hago un trabajito.”

El Erudito Benito, esta vez no fue la excepción y se brotó como pocos. Espinas de la nuca le salieron. Parado sobre un banco de cemento y en plena excitación maníaca arengaba a las mujeres al grito de “¡Lucha en el barro! ¡Lucha en el barro!”

Y cuando todo parecía fuera de control, sucedió el milagro.

Un viento primaveral despejó los nubarrones y sobre la luna en cuarto creciente apareció Ella, Su Augusta Creatividad, e iluminando a Pai Nando que permanecía inmóvil, como buen maniquí, le insufló un hálito de vida y el muñeco animado comenzó a cantar. Obviamente alucinando, los menganos se calmaron y se pusieron a escuchar: