19.8.09

SOLILOQUIOS PSICO-MÍSTICOS DE SOR RAIMUNDA

21 de Agosto: Confesión pública.

En el transparente del Cotolengo la Profesora Ciencias de E. dibujó con tizas de colores en letra redondilla porque para gótica ya no tenía paciencia hace rato:


“21 de Agosto
1946 – 2009
63 años que las mujeres de Argento
ELEGIMOS”


En el cartel alusivo decía algo más pero esta aseveración en mayúsculas fue lo que captó la atención de Sor Raimunda. “Yo no elegí nada”, confesó públicamente la consagrada al pasar frente a la cartelera institucional como hacía cada jueves a última hora cuando la Profesora Ciencias de la E. actualizaba las efemérides “Cuando mencioné a mis padres –que Ella los tenga en su santa gloria- que había creído oír el llamado divino no me dieron tiempo a responder y sin dudarlo me entregaron de inmediato a la obra de Ella haciéndome ingresar al convento de clausura para que tomara los hábitos, en un acto sublime de desprendimiento como el sacrificio que Abraham estaba dispuesto a hacer con su único heredero. Los designios de Ella son insondables…

Hacía tiempo que Raimunda se dirigía a la divinidad en femenino, desde que decidieron su traslado del convento al cotolengo, también de clausura. “Los ángeles y nuestro creador no tienen sexo”, aducía la religiosa orgullosa de su identificación con el mundo supraterrenal.

Ella sabe por qué hace las cosas, en este lugar hay mucha gente que necesita mi ayuda.
Veneran a un maniquí de porcelana como el condenado pueblo elegido rendía culto al becerro de oro; un totem pagano al que llaman Pai Nando y a quien consultan su oráculo. ¡Superstición y herejía a la orden del día!
Dicen obscenidades y, como si fuera poco, las publican provocando a comunidades enteras.
Se trasvisten y no respetan los hábitos diciendo que al fin y al cabo yo también lo hago.
Creen en mancias y albergan a una bruja siniestra.
¡Que Ella se apiade de nosotros!”

“También es justo reconocer, en honor a la verdad -prosiguió la consagrada hablando sola- que hay un par de huéspedes de bien, como esta elegante docente y el Señor Teólogo”, según llamaba ella al Erudito Benito. “Pero para mi también se las deben traer. Yo no quiero pensar mal pero aquí hay gato encerrado. Si están acá por algo debe ser. ¡Algo habrán hecho! ¡Sabe Ella qué! Yo debo estar agradecida de haber sido una elegida…”

No hay comentarios:

Publicar un comentario